Repara con el corazón
Cuando hemos pasado por un matrimonio, donde hubo violencia doméstica, nos sentimos como la hierba pisoteada.  Cuando ese proceso de abuso ocurre, es porque la ausencia del amor genera
una especie hastío y desinterés.  Eso no quiere decir, que ese comportamiento deba darse siempre entre las parejas, pero a ve-
ces las tensiones de la vida cotidiana tienden a acumularse y se
va perdiendo ese suplemento vital que es la comunicación. La co-
pa frágil, que es la relación conyugal nunca debe llegar al nivel de
la falta de respeto, porque lo que en un momento puede ser arbi-
trariedad y diferencias de opinión, puede llegar a convertirse en
abuso corporal y verbal.
Así pues, en vez de encender la llama del enojo y la rabia, hay
que concentrarse en reparar la llama del amor y hacer cambios radicales.  Especialmente, consultar a un especialista en la materia,
no sólo para salvar el matrimonio, sino también para sanar las
heridas profundas que deja el abuso en la familia.
Dios quiere matrimonios unidos en un lazo eterno; basados en el
amor, el respeto y la amabilidad.  Recordemos que el Señor puso
al matrimonio bajo una institución grandiosa, por lo tanto, brindemos por el juramento, que se hizo realidad el día de nuestra boda.
                 "...Conságrense completamente a mí,
                  y sean santos, pues yo soy su Dios...”    
                                       Levítico 20:7


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