Transfórmame
No es nada fácil, despojarnos de la actitud de la mujer de antes.
El Señor mismo nos enseña, que debemos encontrar la paz antes
que nada.  Con las antiguas costumbres, nunca vamos a alcanzar
la paz que tanto deseamos. Por eso, tenemos que trabajar hasta encontrar, la tranquilidad en medio de la tribulación, la ecuanimi-
dad ante la adversidad y la pasiencia y el dominio propio, para no
vivir en antagonismo con Dios.
Nuestra alma se corroe, cuando pronunciamos palabras hirientes;
Dios desaparece inmediatamente y se esconde de nosotras cuando
no actuamos acorde con sus enseñanzas.  Cuando no dominamos nuestra arrogancia, nuestros actos de altanería, nuestro endiosa-miento.  Cuando nos oponemos a la modestia u otro tipo de impertinecias, propias de la mujer que no tiene a Dios en su cora-zón.
Señor:  hazme un alma apacible y santíficame con Tu Santo Es-píritu; desvía la soberbia en mi persona y haz que desaparezcan
mis propias insolencias.
                    “En mi angustia llamé alSeñor, pedí
                    ayuda a mi Dios, y él me escuchó
                    desde su templo; ¡mis gritos llegaron
                               a sus oídos!”
                                     Salmo 18:6


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