
Nota de la autora..
Mujer
"Te doy gracias, mujer, ¡por el hecho
mismo de ser mujer! Con la intuición
propia de tu feminidad enriqueces la
comprensión del mundo y contribuyes
a la plena verdad de las relaciones
humanas." Juan Pablo II
El mundo no sería igual si no existieras tú, mujer.
Eres el ser dotado por la Gracia de Dios, sensibilidad
sin igual, que refrescas el ambiente y reconfortas al
que está sin esperanza.
Sin ti, la Creación hubiera caído en el valle de la
desolación. Sin tu belleza, el corazón del hombre no
hubiera sido capaz de amar y reposar en tu fortaleza.
Por ser mujer, eres símbolo que conquistas la vida
misma y con tu dulzura, se debilitan los muros
inquebrantables de la desesperación. Con tu nata
sabiduría, se descongelan los ríos y se llenan de flores
los desiertos.
Por el hecho de ser mujer, estás atenta a los pequeños
detalles que surjen a tu alrededor, y por tu cálida
visión personal, resplandeces al ponerse el día.
Porque nacistes mujer, tu extiendes un arco iris de lado
a lado del mundo; haciendo que tu aureola brille.
Dice la Palabra de Dios: “-te revistes de fuerzas y dig-
nidad y el día de mañana no te preocupa”
Proverbios 31:25
Sin embargo, no olvides, que la mujer por su pro-
pia inexperiencia toma caminos equivocados. Por su
fragilidad emocional, descubre que no es inmune a
los ataques, fracasos y dolores que bombardean su vida.
No obstante, cuando Dios toca la profundidad sensi-
ble de su corazón, se desata una ola de confianza y
una sensación de protección; que solo viene del Señor
Todopoderoso.
Endulza tu camino sujetando la mano del hombre que
amas. Arranca también, las malas hierbas que suelen
pinchar tus pies con sus espinas. Ahuyenta las fieras
que saldrán a aturdirte durante la noche y rocea la vere-
da con un perfume de grata fragancia.
Es necesario que aprecies, el legado amoroso de tu vo-
cación como madre. La maternidad conlleva una comu-
nión suprema con la vida; la cual madura intrañable-
mente en el ceno de la mujer al dar a luz.
Entonces, al expresar con alegría el valor y la dignidad
maravillosa de la mujer; sólo me queda decirte que bus-
ques en los montes, la característica de la serenidad
y en el mar, la profundidad del corazón. En la nieve, la
blancura del alma y frente al espejo observa y acepta
alegremente, los cambios naturales de la vida.
Vive pues, enmarcando con entono todas las maravillas
que Dios, en Su total devoción hacia ti, te ha otorgado.
Por todo ello te digo: ¡alégrate de ser mujer! ¡Disfruta
encontrar tu propia identidad! y se feliz.
Noris Capín
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