
Hay vida después de un divorcio
El divorcio no es un estado placentero para la mujer, no es tampoco
lo que Dios ha querido para tu vida. Aunque parezca extraño, el di-
vorcio muchas veces no es la salida, a pesar de que todo indique que
es la irremediable solución.
Ése es el momento para hacer una pausa; ¡detente un instante, por favor!, y profundiza en la soledad de tu propio espíritu, permítete encontrar la belleza que encierra tu alma, comienza a descubrir la habilidad de vivir para ti y por ti.
¡Levántate y brilla! Pon a Dios en el mismo centro de tu hogar, ora para que la justicia reine, para que siempre emane la presencia de Jesús en tu casa y en tus hijos.
Ora para restaurar tu matrimonio y lucha por salvar lo perdido; siem-
pre y cuando sea lo que Dios desea para ti y para el bien de tu familia.
Recuerda que eres bella y mereces la felicidad. Explora tu capacidad
de vivir una vida en paz y levanta tu estima, que quizás anda extra-
viada y no la puedes encontrar.
¡Deposita tu dolor, en las manos amorosas de Jesús, y verás cómo la transformación arriba a tu morada!
“...Deben saber que el Señor, su Dios
es el que marcha al frente de ustedes,
y que es como un fuego devorador.”
Deuteronomio 9:3
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